La foto de la que Argentina debería aprender

Internacional

Por Urgente Santo Tomé 19/12/2017 Las elecciones presidenciales de Chile marcaron para los argentinos un contraste brutal. El candidato ganador, el perdedor, la presidenta saliente, y dirigentes de todos los sectores desde la derecha más dura hasta la izquierda, se mostraron respetuosos de los resultados y abiertos a colaborar con el nuevo gobierno.

El primer gesto fuerte de la jornada fue cuando la presidenta Michelle Bachelet llamó al ganador Sebastián Piñera, en una conversación que fue trasmitida en vivo por todos los canales de televisión. La presidenta y su sucesor acordaron desayunar el lunes para empezar a organizar la transición de cara al cambio de mando de marzo. Claro que no es algo inédito: esta será la tercera vez que se pasen el mando.

El segundo gesto fue del candidato oficialista Alejandro Guillier, quien apareció en el comando de campaña de Piñera para saludarlo por su triunfo. Ambos se mostraron juntos ante la prensa y le hablaron al país desde el comando oficialista, donde no se escuchó ningún silbido ni nada por el estilo para el senador de Antofagasta.

Esto no significa que en Chile no exista "grieta" como en Argentina. Los gestos se dan después de una campaña muy caliente, con una polarización al extremo y hasta algunas acusaciones de comportamientos irregulares de uno y otro lado. Eso pareció quedar de lado apenas dos horas después del comicio, cuando los resultados ya se conocían, otra "rareza" para los argentinos que siguieron de cerca la elección.

El comportamiento democrático de los dirigentes es la antítesis perfecta de lo que sucedió en Argentina en 2015, donde Cristina Kirchner se negó a realizar una transición ordenada con Mauricio Macri. La ex presidenta no sólo no tuvo gestos de reconocer a su sucesor públicamente, ni siquiera aceptó cumplir con el protocolo de traspaso de mando.

Para recordarlo: el país estuvo dos semanas en negociaciones ridículas sobre si la banda se entregaba en uno u otro lugar, a una hora u otra, si la Constitución decía tal o cual cosa, si el traspaso era con público o sin público. Hasta el titular de la Corte Suprema tuvo que intervenir. El punto máximo de lo insólito fue hacer asumir por doce horas como presidente a Federico Pinedo, de modo que el que país no quede acéfalo.